El Rincón de Galadras

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Jueves, 22 de enero de 2009
Lo prometido es deuda, aqui va la historia de mi encuentro con mi alma gemela.


Todo comenzó hace unos diez años. Yo trabajaba en una gran empresa, con varios edificios repartidos por la ciudad. 

Ese día íbamos a tener una reunión el comité de empresa con la directiva de la misma para negociar ciertos aspectos del convenio de empresa.

Siempre que íbamos a la sede central de la empresa, aprovechábamos para juntarnos con antiguos compañeros a los que ya no veíamos a diario, porque los habían cambiado de edificio.

Esa mañana me levanté muy inquieto, realmente intranquilo. Durante toda la reunión con la empresa estuve deseando que llegara el final y la hora de irnos a comer con estos compañeros, aunque lo cierto es que no hacía mucho que los había visto, pues teníamos reuniones casi todas las semanas, estábamos en plena negociación.

Pero no sé por qué motivo, al menos en ese momento no lo sabía, estaba tan alterado y tan ansioso por que llegara la hora de comer.

Una vez finalizada la reunión, yo metí prisa a los compañeros de comité para irnos e inmediatamente me puse a llamar a los compañeros con los que habíamos quedado a comer, a pesar de que aún faltaba media hora para que pudieran salir.

Según se acercaba el momento, mi inquietud iba en aumento. Estábamos esperando en la calle y no hacía otra cosa que mirar hacia la puerta de salida de la empresa.

Mientras se aproximaba la hora, mi pulso se iba acelerando desmesuradamente, incluso comenzó a faltarme la respiración. No entendía nada de nada.

Y por fin, sucedió…

Empezaron a salir y junto con dos compañeras la vi. Piel morena, pelo liso, azabache y una sonrisa deslumbrante.

No pude evitar clavar mi mirada en sus ojos. A ella la ocurrió igual. Nos quedamos mirándonos fijamente mientras que “alguien” nos presentaba. Era una compañera nueva que trabajaba en personal con un par de mis amigas.

El desplome vino cuando ella comentó que se iba a comer con su novio, que ese día trabajaba cerca y le daba tiempo a comer con ella.

Todo esto sin dejar de mirarnos y de que mi cuerpo fuera recorrido por unos latigazos y mi estómago pareciera que estaba bailando un rock.

Con su comentario el mundo se me vino encima, no podía ser, no podía tener novio. Pero note un halo de esperanza. Ella, sin dejar de mirarme con una profundidad inmensa, le dijo a su compañera que porque no la había avisado, de haberlo sabido no habría quedado con su novio.

No sé porqué, una compañera me preguntó después, pero dije “pues sí, es una pena”. A lo que ella respondió, que no me preocupara que la próxima vez no me libraría de ella.

Era muy jovial, sonriente y bromista, gaditana hasta la médula. Yo castizo, tan bien con buen humor, haciendo que dentro de todo el nerviosismo no hubiéramos dejado de bromear en los minutos que duró ese primer encuentro.

La despedida fue increíble. Se acercó, puso su mano en mi brazo, acercó su mejilla y mientras nos dábamos dos besos, acarició mis mejillas con las suyas. No fueron dos simples besos, fueron dos caricias, su piel contra mi piel, con una suavidad y una ternura infinitas. Después, me miró fijamente, sujetándome los brazos con sus manos y me dijo: “espero verte pronto, la próxima ve no te librarás”. Mi respuesta fue tan osada como la suya: “por supuesto, dije, tampoco tú te librarás de mi”.

Toda la comida permanecí muy callado, cosa extraña en mí. Los compañeros me preguntaron que me ocurría, evidentemente mi respuesta fue evasiva, ¿cómo les iba a decir que esa muchacha, más joven que yo, había alterado mi interior de tal manera que me encontraba totalmente desorientado y perdido?

Desde ese momento no deje de intentar adelantar la siguiente reunión con la empresa, para volver a ir y verla. Después me enteré que ella no hacía otra cosa que preguntar que cuando volvíamos a tener reunión y de dar la paliza a las compañeras. Incluso las llegó a decir, que si no íbamos a tener más reuniones que nos llamaran y que fuéramos a comer, por el simple hecho de comer, que tampoco hacía falta la excusa del comité para comer.

Y llegó el día, por fin.

La espera fue mucho más intensa y angustiante, aunque de un modo completamente diferente a la primera vez.

Era una angustia relajada, era más bien como los nervios de ese niño antes de la noche de reyes, en la que se agolpan en su pequeña mente las ilusiones de los regalos, el ansia por jugar con ellos, la inquietud de que no le dejen tal o cual juguete preferido.

Y llegó el momento.

Nos vimos de lejos, y en ese momento su sonrisa cambió. Fue una sonrisa mucho más serena, más luminosa si cabe y dirigida exclusivamente a mí. En mi campo visual solo estaba ella, todos y todo lo demás desapareció, era un borrón en mi mente. Mis ojos, mis labios, mi mente, todas mis sensaciones eran solo para ella, de su única propiedad.

Desde el primer momento, después de los correspondientes saludos y decidir dónde íbamos a comer, el resto del mundo dejó de existir.

Comenzamos a andar juntos, a nuestro aire. Un sin fin de palabras, de risas, de contarnos y de ir descubriendo todo un mundo de punto en común, pero no solo eso. Cuánto más hablábamos más nos dábamos cuenta de que nos conocíamos, pero no por la coincidencia en los comentarios, sino por la anticipación el uno con el otro.

Es decir, yo estaba siendo capaz de hablar de ella, de sus gustos, de sus costumbres, de su vida incluso sabía, sin que ella me lo contara, como había sido de pequeña y que cosas la habían pasado. A ella la ocurrió conmigo lo mismo, llegando incluso a saber cosas que no conté a nadie.

No fue una primera conversación, fue como continuar una conversación iniciada años atrás. Como el reencuentro de dos niños que han crecido juntos y que han estado separados unos años, pero que nada ha cambiado entre ellos, siguen siendo los mejores amigos del mundo.

En aquella época yo me había iniciado en el tarot. Inicialmente solo echaba las cartas a amigos y conocidos y por supuesto sin el más mínimo ánimo de lucro. A ella esos temas siempre la asustaron, pero al mismo tiempo la atraían irremediablemente.

Me pidió que le hiciera una tirada, pero la respondí que hacía falta un poco más de intimidad, más tranquilidad y en un restaurante rodeados de bastante gente no era el mejor sitio.

No lo dudó.

Pues nos vamos a mi casa y me las echas, tengo muchas ganas, necesidad mas bien, fue su respuesta.

La dije que esa tarde no podía, había quedado con mi novia (sí, yo también tenía pareja) para hacer unas compras, además, la dije que seguramente ella también habría quedado con su novio.

Ella no se inmutó. “no te preocupes de mi novio, ahora esta fuera, ¿no puedes librarte de tu novia?”

Esa expresión me llamó la atención enormemente: “¿librarme de mi novia?” Lo curioso es que no me molesto, sentí en ese momento que efectivamente, era un lastre.

La dije que no. No me parecía correcto. En mi interior sabía que no estaba bien. Mi novia no se merecía en absoluto que me librase de ella, pero en ese momento mi mente no estaba en la misma onda que mi corazón y que mi alma.

Cuando la expuse que me parecía mal llamarla para cambiar de planes, no protestó, simplemente me pregunto ¿y mañana?

Ahí ya no pude decir que no, ni lo dudé. Por supuesto, dije, será un placer para mí echarte el tarot, además creo que lo necesitas estas en un momento crítico en el que los demás están llevándote por donde tú no deseas, continué.

Eso la impactó, no se lo esperaba. Me contó que era cierto, que su novio y su padre estaban emperrados en que se casaran. Incluso su padre, hombre de mucho dinero, estaba buscando una casa para regalársela para la boda, pero que ella no lo tenía claro.

Pero lo impactante fue lo siguiente que me dijo:

“Estaba ya casi resignada a casarme, pero cuando te vi el otro día, sabía que no debía y que no quería y que no lo iba a hacer”.

Como os podéis imaginar, en ese preciso momento vuelco de corazón, se abrió la tierra a mis pies y el universo me pareció un sitio minúsculo en el que no cabía mi ser.

Acaricié el dorso de su mano, que la tenía sobre la mesa muy cerca de la mía, con la yema de mis dedos y la dije: “no te preocupes, ya estamos juntos y mañana nos uniremos mas”. Realmente no fui consciente del significado de esa frase hasta mucho tiempo después.

Su respuesta: “ya lo sé. Ya estamos muy unidos, te llevo esperando mucho tiempo”.

Tampoco entendí el verdadero significado de esto hasta mucho tiempo después.

 

Continuará…


Publicado por sagnasebar @ 10:26  | Ocultismo
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios
hola,
llevo bastante tiempo visitando tu espacio, en especial, tu historia, aun inacabada, y de que me falta lo mejor,
necesito saber el desenlace...
tengo un blog, http://luna-alma.blogspot.com
me encantar?a que te pasaras,
y seguramente sera todo muy parecido...a este post, de ALMAS GEMELAS, adaptado a la poes?a,
Mi motivo de saber tu desenlace, seguramente no tenga nada que ver con lo que a mi me ocurra de ahora en adelante, pero lo necesito saber, quiz?s por el mismo motivo que tu alma gemela quiera saber a trav?s de tu tarot...

un beso... infinito

y muchas gracias por tu atenci?n...

ALMA
Publicado por Invitado
Jueves, 14 de mayo de 2009 | 17:22

Que mas sigue?  Me dejaste a medio camino. 

Saludos.

Publicado por Invitado
Viernes, 27 de abril de 2012 | 9:05