El Rincón de Galadras

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Mi?rcoles, 26 de marzo de 2008

En todas las tradiciones y pueblos de la antigüedad el calzado era un símbolo de libertad, a la vez que constituía una demostración de autoridad, de dominio y una garantía de propiedad. Era por esto que los esclavos eran obligados a ir descalzos, y también de ahí procede la clásica pose del cazador posando su pie calzado sobre la pieza abatida.

En Israel, para sellar un trato bastaba con que el vendedor entregara un zapato al comprador; pero, además, pisar un campo con los zapatos o lanzarlos sobre el mismo equivalía a reclamar su posesión, con lo cual el zapato se convertía en la representación total de su dueño, en el símbolo de la posesión.

El mismo origen tiene en el Islam y en gran parte de Asia la costumbre de descalzarse para entrar en un templo o en casa de otra persona, pues este gesto es la demostración de que no existe la menor intención de reinvindicar nada, de que no se desea hacer valer el menor derecho; sino que, por el contrario, en dicho lugar nos consideramos esclavos, o al menos supeditados moralmente a su dueño.

Y de este simbolismo y no del simple hecho de meter el pie dentro del zapato es del que deriva el significado sexual de algunos sueños de este tipo, pues lo que en realidad se simboliza es el deseo o el derecho a la posesión de otra persona (tanto si el dueño del zapato es hombre como si es mujer), derecho o deseo que en el sueño se identifica con el zapato. Es el mismo simbolismo que subyace en el cuento de la Cenicienta (versión moderna del relato de Elieno, retórico romano del siglo III, en el que el zapato es la personificación de su dueña, por lo cual sólo puede ser calzado por ella.

Lo que ocurre es que una buena cantidad de autores modernos con un punto de vista claramente machista han derivado la relación pie-zapato a la relación hombre-mujer, trasladando al pie (que representa al hombre) el concepto de dominio, y al zapato (que representaría a la mujer) el de cosa dominada; lo que es exactamente lo contrario del verdadero simbolismo del sueño.

Pero, además, el zapato posee otro simbolismo: el de la marcha, pues no se puede andar mucho sin zapatos; y este significado tanto puede referirse al partir a lo lejos (con lo que es el símbolo del caminante) como el partir al otro mundo, motivo por el cual en muchos lugares se solía enterrar a los muertos con zapatos, para ayudarles en su partida al otro mundo.

De todos estos simbolismos se desprende que según el contexto del sueño los zapatas -o cualquier otro tipo de calzado- pueden significar el deseo de posesión de un terreno, finca, persona o cualquier cosa; una posible muerte o el deseo de emprender un viaje. Una ligerra variación a la primera de estas intepretaciones la introducen las botas, que añaden un toque de dominio físico, de brutalidad; cuando el sueño es erótico le proporciona matices de sadomasoquismo.

Y para finalizar con el tema veamos algunos otros ejemplos: soñarnos con los zapatos puestos, sucios y manchados indica sentimientos de culpabilidad; si nos vemos andando sin zapatos, equivale al peligro de vernos sometidos a los demás, a que las circusntancias nos obligen a aceptar condiciones de trabajo, sumisión o de lealtad que no son las que nosotros desearíamo, o también en algunos casos, sentimientos de inferioridad; soñarnos sin zapatos, pero sin andar, revela el temor a la pobreza (o la presagia); por el contrario, soñarnos bien calzados equivale a sentirnos libres y dueños de nosotros mismos, y como más cómodos sean los zapatos, mayor será nuestra libertad de acción.

También es frrecuente soñarnos con unos zapatos infantiles totalmente impropios de nuestra edad; en este caso el sueño revela nuestra inmadurez, nuestra fijación a la infancia, el deseo de seguir bajo la tutlea y protección paternas. Este sueño sólo será positivo cuando en el mismo se termine por tirar, destruir o quemar los zapatos, lo que contiene el aviso o la orden de volver a la realidad y asumir todas las obligaciones y responsabilidades de la vida, en lugar de rehuirlas.

También el aspecto y demás características secundarias del zapato nos proporcionan aclaraciones adicioales al sueño; así, si el zapato nos aprieta, es que todavía no sabemos cómo desenvolvernos con la libertad o la autoridad que una nueva situación nos depara (o depararáGui?o y, por ello, nos sentimos incómodos. Si soñamos que se nos rompe un zapato, presagia pérdida de libertad o de autoridad, y así con todo lo que nos suceda con el calzado.


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