Los sueños de muerte no anuncian la fuerte física, sólo afirman que algo ha muerto, que algo desaparece de nuestro horizonte vital; puede ser una relación, un amor, una amistad, o simplemente una cualidad o un defecto, algo íntimo y personal que sólo conocemos nosotros, que no queremos aceptar su desaparición y que el sueño trata de hacernos reconocer la realidad.
Pero la verdad es que son rarísimas las ocasiones en que la muerte física de otra persona puede percibirse en sueños, por más que c on la misma nos una un gran afecto o parentesco. Y cuando esto ocurre, la intensidad y verismo del sueño es tal -aunque sólo se trate a veces de una voz lejana- que no queda la menor duda de que se trata de un proceso telepático o el contacto con una realidad transcendente.
Pero también existe otro tipo de sueños de muerte, y es el que aparece cuando la edad ya nos hace presentir su proximidad, aunque solo sea en el fondo del subconsciente y nos neguemos a reconocerlo. Es por ello que en el declinar de la vida la presencia de la muerte suele ser más frecuente en sueños, sin que por ello anuncie la muerte de nada.
Del mismo modo que en estas edades existe el automatismo inconsciente de revisar las esquelas mortuorias de los periódicos, como buscando si en las mismas figura algún viejo amigo de la infancia, o alguien con quien hace largos años que hemos perdido el contacto, también estos sueños de muerte responden al mismo fenómeno y ambas cosas no son más que una preparación inconsciente para nuestra propia muerte, y suelen tornarse repetitivos o al menos relativamente frecuentes, hasta que una noches, en el mismo sueño se advierte que aceptamos lo inevitable como algo natural, perdiendo el carácter terrible con que se nos aparecía hasta aquel momento; y el sueño, cumplida su misión, no vuelve a aparecer.
Hace muy poco, una persona me preguntaba que podía significar soñar con hablar con la muerte. Evidentemente estaba muy preocupada con el sueño.
Después de lo expuesto, mantener una conversación con la muerte es hacerlo con nuestro inconsciente, conocedor éste de una cierta necesidad en que debemos matar algo de nosotros, para que un fruto nuevo renazca de las cenizas.
Es un sueño que nos dice que tenemos que emprender un nuevo camino, abandonar el sendero que llevamos y comenzar uno nuevo, que debemos renovarnos, romper, tal vez, con conceptos o hábitos anteriores, que no son los más indicados o idóneos, y emprender una nueva vida.
Luego, soñar con que hablamos con la muerte, no es en absoluto un mal sueño, es un sueño de esperanza y de ánimo y nos indica que si nos sentimos perdidos y en un callejón sin salida, no es porque no la tengamos, sino porque estamos por el camino menos indicado.
Lo cierto es que la muerte, siempre produce un acto reflejo de rechazo, de repulsión, de temor y de pavor.
Siempre que hago una tirada de tarot, y en ella aparece la carta de la muerte, el interlocutor se asusta, se altera y se preocupa.
Al igual que en los sueños, la carta de la muerte en el tarot habla de regeneración, de renacimiento, de romper con lo pasado, de abandonar el camino en el que estamos, y que debemos emprender uno nuevo, que debemos buscar en nuestro interior y regenerarnos y renacer con un nuevo sentido en nuestra vida.