Anto todo debemos comprobar que el sueño no sea debido a causas fisiológicas, pues tanto el hambre como los transtornos digestivos suelen originar sueños de esta clase.
Pero cuando ello no es así, el sueño revela insatisfacción que puede ser debida a causas psicológicas, emocionales o profesionales.
Cuando soñamos que comemos algo que no nos gusta o resulta desagradable, nos presagia que en la vida debemos (o deberemos) enfrentarnos a algo que no es desagradable o difícil de aceptar, y es que la vida a nadie le ahorra las asperezas. Y lo mismo sucede cuando nos obligan a comer contra nuestra voluntad.
Este aspecto de los sueños de comer es extensivo a la comida, pues el desagrado puede producirse al verla o comprarla y no necesariamente al comerla. Así, es frecuente el caso de jovenes de ambos sexos introvertidos y educados con recelos excesivamente moralizantes que en sueños entran en una tienda (casi siempre una carnicería) y se horrorizan ante la cantidad de carne sanguinolenta allí expuesta, terminando casi siempre por huir. Es que en la vida real ya empiezan a aparecer situaciones y necesidades carnales que chocan con los principios que les han inculcado.
En otras ocasiones la dificultad soñada se centra en el masticar o engullir, lo que también indica que en la vida real deberemos realizar algo que no es de nuestro agrado. O que nos quitan la comida antes de terminarla, lo que siempre presagia complicaciones y problemas que deberemos solucionar.
Otras veces soñamos que nos hallamos en la meso con otros comensales, ya sean conocidos, familiares o desconocidos y ello es un buen presagio, pues es como un acto de comunicación con todos ellos. En cambio, comer solos revela tristeza y depresión.
También es importante lo que comemos, pues los alimentos naturales y sencillos indican que estamos aprovechando bien las experiencias de la vida y ésta será sana y agradable. Otras veces soñamos que comemos dulces, pastelería o cualquier otra clase de golosinas, y en este caso lo que el sueño revela son vivencias sentimentales, que a veces son positivas y agradables, tanto en los sueños como en la realidad, pero otras veces vemos una etiqueta que nos informa del "precio" que deberemos pagar si disfrutamos de dichas vivencias sentimentales. O robamos las golosinas, lo que revela un exceso de sentimentalismo por nuestra parte, lo que tampoco es bueno.
Por último, siempre conviene analizar cuándo comimos en la vida real los manjares soñados, y con quién lo hicimos, pues es muy frecuente que con la comida vayan mezcladas viviencias existenciales anteriores, incluso de la infancia, que si sabemos analizar correctamente, el sueño nos permitirá asimilar y asentar definitivamente en nuestra personalidad.