Vamos a comenzar ahora una serie de artículos relativos a la fantasmagonía y espiritismo. El objetivo primordiar de ellos sera aclarar conceptos tal vez un poco enturbiados por tanta literatura barata, desmitificar y marcar una directrices o parámetros con nos permitan determinar la realidad o no de acontecimientos relacionados con los fantasmas.
Empecemos por definir lo que es un fantasma.
Los fantasmas (del griego φάντασμα, "aparición"), en el folcklore de muchas culturas, son supuestos espíritus o almas desencarnadas que se manifiestan entre los vivos de forma perceptible (por ejemplo, tomando una apariencia visible, produciendo sonidos u olores o desplazando objetos poltergeist"), principalmente en lugares que frecuentaban en vida, o en asociación con sus personas cercanas, o porque no son capaces de reconocer su nueva situación, no aceptan la muerte.
La creencia en fantasmas, testimoniada desde los primeros textos escritos sumerios y egipcios, se encuentra extendida por todo el mundo, con variantes muy diversas.
En las civilizaciones orientales (como la civilización china) mucha gente cree en la reencarnación. Según esta visión, los fantasmas son almas que rehúsan ser 'recicladas' porque han dejado alguna tarea por terminar. Los exorcistas pueden ayudar al fantasma a reencarnarse o hacerlo desaparecer de la existencia. En la creencia china, además de reencarnar, un fantasma puede también optar a la inmortalidad, transformándose en semidiós, o puede ir al infierno y sufrir eternamente. Puede, en fin, morir de nuevo y convertirse en "fantasma de un fantasma".
Otras religiones orientales, como el Shinto en Japón, reconocen la existencia de espíritus de todo tipo y aceptan la creencia en fantasmas como parte de la vida cotidiana.
En occidente, se concibe generalmente a los fantasmas como almas en pena que no pueden encontrar descanso tras su muerte y quedan atrapados entre este mundo y el Más Allá. La imposibilidad de encontrar descanso responde a una tarea que el difunto ha dejado pendiente o inconclusa: así, puede tratarse de una víctima que reclama venganza o de un criminal que por alguna causa (haber sido enterrado con símbolos sagrados, por ejemplo) ve diferido su ingreso en el purgatorio o infierno.
En otras ocasiones el desencarnado permance en este mundo por desconocimiento de su nuevo status, es decir, no acepta o no reconoce su muerte y sigue realizando su vida como si nada hubiera ocurrido.
Evidentemente, en todo esto hay una parte de realidad y otra de fantasía. En muchas ocasiones, ante la reciente ausencia de un ser querido, nos dejamos llevar por esa pena, por esa necesidad de creer y de volver a verlo, que nos autosugestionamos y generamos una serie de fenómenos, de mayor o menor intensidad, que si bien pueden llegar a ser totalmente reales, poco tienen que ver con la presencia real de un desencarnado.
En los siguientes artículos intentaremos determinar aquellas características de esos fenómenos que nos pueden ayudar a determinar la procedencia de los mismos.
Ante todo, y como piedra angular de todo esto, no debemos dejarnos llevar por el sensacionalismo ni por las prisas. Debemos ser cautos e intentar por todos los medios analizar de forma racional los distintos síntomas que hayamos podido observar y, en la medida de lo posible, hacer acopio de todo tipo de pruebas (fotografías, tomas de vídeo...)
En el desarrollo de este tema, dada la importancia y transcendencia que tiene para muchas personas a causa de sus creencias, intentaré ser lo más objetivo posible y poner a vuestra disposición una pequeña bibliografía para todos aquellos que deseis profundizar mas en este mundo fascinante y aterrador de los fantasmas.
Y ya sin más preámbulo... comencemos...