Por todo el mundo encontrfamos antiguos sistemas de adivinación. Entre los más conocidmos tenermos el tarot, procedente de la Europa medieval con probables orígenes en Egipto y el Próximo Oriente, y el I Ching o Libro de los cambios chino, con sus interpretaciones fuertemente teñidas de confucianismo y taoísmo. Recientemente Ralph H. Blum, en su Libro de las runas, ha introducido éstas como oráculo contemporáneo; su último uso conocido data de la Islancia medieval. Ya sea por voluntad divina o por el inconsciente humano, la disposición de cartas especiales o el lanzamiento de monedas o palos de milenrama, han proporcionado respuestas simples o símbolos complejos que requieren una explicación: los resultados se tienen por inspirados y proféticos.
En las tradiciones occidentales, la adivinación ha tenido un papel paradójico durante siglos de judaísmo, cristianismo e Islam. A menudo, la magia y la adivinación han estado prohibidas por la ley religiosa, y sin embargo, varios sistemas adivinatorios han sido populares e incluso aprobados en diferentes épocas como un medio con el que discernir la voluntad divina.
Entre los antiguos celtas, los hallazgos arqueológicos señalan una temprana fascinación por las visiones y la profecía. Los cuervos (oráculo 19) pintados por los celtas en las Edades del Bronce y el Hierro en las paredes de una cueva del valle de Camonica (norte de Italia), aparecen en actitud de conversar con los humanos para proporcionarles guía y profecía. A trevés de toda la historia mítica y las leyendas irlandesas, los cuervos son siniestros pronosticadores que suelen prever la muerte y la carnicería de la batalla que se avecina.
Los pequeños símbolos solares (oráculo 63) se enterraban con el difunto como si quisieran ofrecerle la luz, visión y extender la profecía a los reinos situados más allá de esta vida terrenal.
El más extraordinario ejemplo de adivinación entre los pueblos celtas se encuentra en los escritos de Alexander Carmichael. Durante el siglo XIX, en sus viajes como funcionario por las Hébridas Exteriores y las Tierras Altas de Escocia, recopiló amorosamente las plegarias, canciones y prácticas de aldeanos y granjeros. Carmichael observa que la adivinación o augurios se practicaban entre el pueglo, aunque a escondidas de los clérigos que se oponían con ferocidad a tales prácticas.
La adivinación trataba de establecer el paradero y el estado de personas o animales ausentes y que no po´dían ser vistos o localizados con los medios ordinarios.
El don de hacer augurios, como la segunda visión o la capacidad de ver los reinos de los faérïe, se heredaba, aunque muy a menudo se sabía que podía saltar una generación y pasar a un miembro de la familia y no a otro. Carmichale escribió:
"El augurio se realizó el primer lunes del mes lunar e inmediatamente antes de la salida del sol. El augur, que había ayunado y llevaba los pies descalzos y la cabeza descubierta, cerró los ojos, se dirigió a la puerta y colocó una mano en cada jamba. Mentalmente, bendijo al dios de lo invisible para que le mostrara su objetivo y le proporcionara el augurio; entonces el augur abrió los ojos y miró fijamente al frente. De la naturaleza y posición de los objetos que se le aparecieron a la vista, extrajo sus conclusiones.
Los signos son mucho y variados. Por ejemplo un hombre de pie, o un animal que se levantara, indican que la persona objeto de la búsqueda se está recuperando de la enfermedad que ha padecido... Un hombre yacente significa enfermedad... Un animal que yace indica muerte. Una mujer, en particular rubia, castaña o morena, es de buen augurio, y una mujer de pie, muy buen augurio... Un gallo que mira al augur es excelente. Un pájaro que se aproxima significa noticias... Gallinas sn un gallo... especialmente si se acercan... son peligrosas. Pero aún pero es el cuervo, sobre todo si se acerca: es un signo de muerte."
De acuerdo con las tradiciones recogidas por Carmichael, los augurios se dedicaban a la Virgen María o a santa Brígida (también conocida como la Novia, en inglés Bride; un vestigio de la diosa Brigit, oráculo 7). Cuando no encontró por ninguna parte al joven Jesús, María realizó un augurio haciendo un tubo con las palmas de las manos; al mirar a través de ellas vio a Jesús en el templo discutiendo con los ancianos. Cuando Jesús volvió a encontrarse ausente, María pidio a Brígida que le hiciera un augurio para encontrarlo. Al igual que Maria anteriormente, Brígida hizo un tubo con las manos y al mirar vio a Jesús sentado al lado de un pozo. Por lo tanto, la adivinación era conocida en la antigua Escocia como el Augurio de María o el Augurio de Brígida.